domingo, 4 de octubre de 2015

Comer, leer y viajar en el tiempo: Bocaditos en palabras, de Graciela Audero

Una muestra de que la gastronomía puede servir para entender la historia de los pueblos



La gastronomía es un pasaje abierto para viajar no sólo por el mundo, sino a través del tiempo y Graciela Audero lo deja demostrado en su libro Bocaditos en palabras.

No siempre se comió lo mismo, ni de la misma manera, ni con la misma gente que hoy. El ritual de disfrutar de un plato de comida se fue modificando a través del tiempo, para adaptarse a las nuevas formas de vida.

Por ejemplo, en Grecia, al igual que en la actualidad, los pobres y los ricos no comían lo mismo, pero tampoco los hombres y mujeres, ni los jóvenes y viejos. Sin embargo, explica la autora: “La comida no sólo dividía sino que unía a la gente, construía identidad de grupo por medio de banquetes colectivos”, algo similar a lo que ocurre hoy en día en nuestro país, en cada charla hay de por medio un café, una cerveza o un mate.

“De Homero a Plutarco, aquellos que rechazaban compartir una mesa cometían una falta grave”, agrega Audero, explicando la historia griega a partir de las costumbres alimenticias.

Audero repasa las tendencias gastronómicas más relevantes de cada época en el mundo hasta llegar a la actualidad, donde además de la comida cotidiana se impone en los restaurantes más importantes del mundo la cocina molecular: esferificaciones, espumas y geles, con las creaciones de Ferrán Adriá a la cabeza.

En el paso por la historia, es inevitable referirse al choque de culturas ocurrido en 1492 con la llegada del hombre europeo a América, lo que no significó sólo el cambio en costumbres, idiomas y hasta religión, sino en la forma de comer.


“No sólo América aportó a la cocina Europea. Europa también aportó muchos alimentos al nuevo mundo: trigo, arroz y cebada, ajo, cebolla y berenjenas; avellanas y nueces; perejil, romero, salvia, laurel y albahaca. El encuentro de los conquistadores con los aborígenes latinoamericanos permitiría el surgimiento de una cocina sincrética, compleja, el aporte enriqueció las cocinas indígenas”, explica el libro. ¿Te imaginás cómo serían nuestros platos de todos los días sin el valioso aporte del viejo continente?

Las mesas argentinas, el ritual de los domingos, el asado y el brunch, la comida chatarra evolucionada de Nueva York, los puestos callejeros y la diversidad gastronómica están reflejados en Bocaditos en palabras, una buena oportunidad para viajar por el mundo y el tiempo, con la comida como eje conductor.


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